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Genuinamente considero que no habrá una Morena Post-AMLO y con esto no me refiero a que el Movimiento de Regeneración Nacional (o simplemente Morena) literalmente se disuelva una vez López Obrador se aparté plenamente del partido, aunque también podría ser una posibilidad.
Más bien hablo de una evolución en Morena como partido político, debido a las condiciones materiales, políticas y sociales que actualmente enfrenta dentro (como fuera) de la República Mexicana, e incluso podría abandonar la retórica izquierdista con la que Morena y sus fundadores empezaron a pregonar como oposición política al PRI neoliberal.
Es inevitable, y hasta cierto punto, lógico la evolución ideológica de cualquier partido político existente. Por ejemplo, el Partido Republicano antiesclavista y liberal de Abraham Lincoln no es nada igual al Partido Republicano neoconservador y "libertario" de Donald Trump. Igualmente no hablamos del mismo Partido Comunista de la URSS fundado por Lenin tras la Revolución de Octubre que el mismo Partido Comunista bajo la dirección de Stalin durante la Segunda Guerra Mundial.
Es más, para no irnos tan lejos, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha tenido diversas corrientes a lo largo de su historia, pues no es el mismo PRI bajo la presidencia de Plutarco Elías Calles, que el PRI de Cárdenas o el de López Mateos, Echeverría, Salinas de Gortari o Peña Nieto, pues, les guste o no, el PRI ha tenido diversas corrientes a lo largo del siglo XX y parte del XXI.
En todos los casos cada partido político ha tenido que redefinir sus discursos y directrices centrales para responder a las condiciones económicas y sociales de su época, tanto para bien como para mal.
Pero volviendo al tema central, Morena sufrirá un cambio sin precedentes, debido a tres factores importantes:
Primero, la oposición (PRI, PAN, MC, etcétera), a pesar de ya no ser la principal fuerza política ni hegemónica del país, es la que más ha pegado el grito al cielo contra Morena, principalmente tras el asesinato de Carlos Manzo y quienes más han apoyado la idea de una intervención directa de los Estados Unidos en territorio nacional contra el crimen organizado, y de quién Morena también se ha agarrado como chivo expiatorio.
Aunado a esto, el segundo factor más importante que la oposición política es la propia población mexicana, quienes han sido los más afectados en la actual estrategia contra el narcotráfico de "Abrazos no balazos". Tan sólo la marcha de la Generación Z en el Zócalo es una muestra clara del descontento nacional hacia Morena por su desempeño en la administración federal.
Y el tercer factor, y no menos importante, la presión diplomática que Donald Trump ha ejercido contra Morena (y a México en general) por su lucha contra el narcotráfico, siendo su diálogo cada vez más hostil contra la actual presidenta Claudia Sheinbaum, y no es para menos, pues, según algunas interpretaciones de los medios, se puede teorizar que la presión de Trump a Morena derivó en la muerte del "Mencho" y la ola de violencia que se vivió en Jalisco a finales del febrero de este año.
Entonces ¿Está nueva ruta será positivo? Para ser honesto, será todo menos pacífico; quitando de lado a Estados Unidos por un momento, es preciso entender que dentro de Morena propiamente un cambio ideológico (total o parcial) pondrán en alertar a varios miembros y defensores del partido. Principalmente a los más cercanos a Andrés Manuel López Obrador quienes más han defendido la línea izquierdista establecida por su fundador.
Por lo que si se esta empezando a gestar un cambio ideológico en Morena se empezaría a consolidar a aproximadamente hasta las elecciones federales de 2030 o en todo caso para las elecciones intermedias de 2027, el cual sigue siendo el principal campo de batalla y legitimidad para Morena.
Ésto no significa que está evolución sea totalmente mala o buena, sino que responde directamente a los interés existentes dentro de la República Mexicana para que Morena puede seguir existiendo como principal fuerza política en el país.
Por lo que en el mejor de los casos nos encontraríamos en una Morena socialdemócrata o ligeramente conservadora, la cual tendría los aspectos más positivos de la Morena fundada por López Obrador, y de paso, sanando sus fallas del pasado. Pero, quizás, la opción más realista, rayando en el fatalismo, es que poco a poco veremos el renacimiento del PRI tecnócrata del siglo XX bajo el color guinda y despojándose totalmente del discurso original contra el PRI para pasar el nuevo PRI.
Con esto último, también habría de cuestionarse si Morena y sus líderes se podrían considerar de izquierda, porque es evidente que la izquierda política persigue el fortalecimiento de las instituciones públicas, y por lo que yo he visto en los últimos años tampoco no existe una confianza plena de la ciudadanía en las instituciones públicas, principalmente en el sector salud y seguridad pública., siendo el IMSS o las farmacias del Bienestar un talón de Aquiles para Morena todavía.
Así que yo genuinamente espero estar equivocado en que Morena retorne hacer el PRI de antaño, pues seria irónico ver cómo Morena se convierte en quien juro destruir.

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