En los últimos años, México, ha vivido en un ciclo interminable de violencia gestada tanto por las organizaciones criminales como por el aparato gubernamental, años traducidos en dolor y sufrimiento para múltiples familias alrededor del territorio nacional, y sin embargo, parece estar lejos de acabar.
Hace menos de un día, miembros de las Fuerzas Armadas en una supuesta colaboración con los servicios de inteligencia de los Estados Unidos de América realizaron un operativo en el Estado de Jalisco para neutralizar a Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, mejor conocido como "El Mencho", el líder del temible Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), el cual sería abatido por fuerzas nacionales como resultado de un enfrentamiento cruzado entre ambos bandos. Hoy a casi 24 de febrero varias partes de la República Mexicana se encuentran en código rojo debido a las represalias que han tomado los miembros del CJNG (y posiblemente otros grupos criminales) como venganza por la muerte del "Mencho" o en todo caso para tomar parte de la "plaza".
Aunque está situación no es nueva en el país, como lo fue la captura del "Chapo" Guzmán o el culiacanazo, nos deja pensando en que aspiramos realmente para nuestra nación, como deseamos ser percibidos o (siquiera) que dejamos a nuestros descendientes. Quizás para muchos sea exagerado decir que los corridos tumbados, las narco series y todo el ecosistema existente alrededor de la narcocultura sea una apología directa al crimen. No obstante, la realidad de muchos mexicanos es, de cierto modo, muy desoladora, con familias fragmentadas por culpa de un enfrentamiento entre carteles, por la extorsión, el secuestro, la tortura, etcétera. Con ésto no digo de manera tajante que si escuchas Peso Pluma automáticamente eres un narcotraficante, más bien es preciso entender que toda la vida de los grandes capos que nos han vendido los medios de comunicación son apenas un reflejo maquillado de como es estar dentro de la dichosa "maña".
Independientemente que el PRI, el PAN, Morena o cualquier otro partido político haya iniciado la guerra contra el crimen organizado, lo cierto es que será (y seguirá siendo) la población civil quien pagará por los platos rotos. Es triste saber, que, a más de una década de la guerra contra la delincuencia, México no ha logrado, siquiera, contener los daños generados por estás organizaciones, una situación crítica que sea repetido con el paso de los sexenios que ha derivado en un desencanto generalizado contra el gobierno y la política mexicana, y quizás sea un punto de no retorno necesario. Aunque doloroso, nosotros como mexicanos debemos resistir ante la tempestad que hoy nos ha azotado (a pesar que decirlo es más fácil que hacerlo), está únicamente en nosotros como pueblo sacar adelante nuestra hermosa nación.
Porque México no es solo cuna de "criminales" o "terroristas", porque también es la cuna de hombres y mujeres que día a día trabajan arduamente para llevar el pan a la mesa de manera honrada, de artistas, obreros, campesinos, amas de casa, ingenieros, licenciados, mecánicos, panaderos, choferes y de un largo etcétera que vela por el país. Entonces nuestro punto de partida es dejar de romantizar la violencia y el narcotráfico como una alternativa para salir de la pobreza y para lograr dicho objetivo todos debemos cooperar en la construcción de una cultura de paz genuina.
Es cierto que puede sonar bastante idealista, pero no sé puede ocultar la verdad ni mirar a otro lado cuando es algo que la mayoría ha vivido (o presenciado) día con día, sino más bien, reconocer que nuestro país sufre una herida más profunda, el abandono estructural. Es decir, no basta que el gobierno otorgue becas o apoyos económicos si la población depende exclusivamente de los mismos para subsistir. Una nación necesita de una economía fuerte, un sistema de salud eficiente y educación de calidad para todos los niveles.
Es indispensable reconstruir nuestra cultura cívica a través de una educación genuina que enseñe de valores y respeto a nuestros semejantes, cuál deberá estar cimentada con el apego a la legalidad, pero también a la transparencia del gobierno sobre la información pública con que puedan acceder los ciudadanos para ser un verdadero pacto social y no un contrato de subordinación. Pues la pobreza es la mayor detonante para muchos jóvenes de unirse a las filas del narco para tener una vida mejor y salir de la pobreza, por lo que el fortalecimiento de la educación y el acceso a oportunidades laborales es clave para esta situación. Así como reconfigurar nuestros referentes culturales, es decir, impulsar más narrativas entorno al éxito económico o personal sin recurrir al crimen o la violencia indiscriminada.
Así que si, lo único que nos queda es tener esperanza en nosotros mismos como comunidad y no dejarnos caer por la tentación de una salida fácil o de una falsa vida llena de supuestos lujos. Es en última instancia tener fé.

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